DONALD NAVAS ZELEDÓN, AUTOR DE GAUEKO. TU SOMBRA, MI REFLEJO
Antes de poner en marcha Draco Somniun, no nos podíamos ni imaginar lo emocionante que es recibir propuestas de publicación; aún más cuando esas encajan a la perfección con nuestra línea editorial. En mayo de 2025, descubrimos una historia que nos puso los pelos de punta: no solo reinventa por completo el mito de Gaueko, también indaga en la fragilidad humana. Mitología vasca, terror contemporáneo, perspectiva social… ¿qué más podíamos pedir? Es por eso que la acabamos de publicar en un formato totalmente innovador: acompañada de fotos e ilustraciones originales.
El autor de ese escrito es Donald Navas Zeledón, integrador social, guionista y realizador de diversos proyectos audiovisuales. Nació en Granada, Nicaragua y vive en Nafarroa desde los veintiocho años. Le apasiona la mitología vasca y, antes de escribir Gaueko. Tu sombra mi reflejo, grabó un cortometraje escalofriante que advierte sobre la importancia de respetar el antiguo pacto: “Gaua gauekoentzat eta eguna egunekoentzat”. En su faceta de escritor, algunos de sus cuentos han aparecido en revistas, antologías literarias y periódicos.
GAUEKO. Tu sombra, mi reflejo.
Como apasionada de la literatura de terror, me parece maravilloso que te hayas basado en Gaueko, pues ese género se basa principalmente en mitos que nada tienen que ver con nuestro territorio. ¿Qué te llevó a alejarte de las tendencias mainstream tipo “casa embrujada” y profundizar en esa criatura en concreto?
Antes que nada, decir que el flechazo con Draco Somnium fue mutuo: también buscaba este espacio en el mundo editorial actual, y me encantó descubrir el mimo con que tratan sus libros.
En cuanto a la pregunta, primero diré que soy un amante de la narrativa oral. Desde niño me encantaba escuchar a los mayores, aunque después estaba aterrado, contar leyendas fantásticas de terror. Al llegar aquí, busqué ese tipo de narrativas, pero me di cuenta de que la gente ya no las contaba. Leí a autores como Barandiaran y Dueso, quienes han hecho una recuperación asombrosa de esas leyendas. Aunque, con absoluto respeto a su labor más antropológica, me parecía que le quitaban ese componente de terror que tienen las leyendas; esos miedos más primitivos. En esa búsqueda, contacté con Mikel Rodríguez, autor de una genial trilogía de relatos de terror vasco, y empezamos a colaborar en el rodaje de cortometrajes con componentes de la mitología local (hace más de diez años). En esa búsqueda dimos con Gaueko y nos pareció impresionante, pues al ser un cambiaformas, una fuerza invisible, una especie de demonio, daba mucho juego desde un terror, incluso, subjetivo.
La verdad es que Gaueko es un ser muy enigmático y apenas hay documentación sobre él; tiene que haber sido todo un reto encontrar información para construir tu relato. ¿Cómo lo conseguiste? ¿Cuáles son los aspectos que más te sorprendieron de esa criatura?
Es cierto, las referencias son muy pocas, unas tres narrativas breves. Pero eran fundamentales para generar relatos en torno a él. En las historias aparecía como un lobo o un toro que se erguía en dos patas, y se aparecía a la gente que desafiaba la noche llegando a mutilarla y matarla. Su grito recordando que la noche es suya y su capacidad de aterrar a los pobladores, quienes rogaban a la diosa Mari que les protegiera de él. Todos esos detalles me llevaron a reflexionar sobre el temor a la oscuridad. Empezando por mis temores. Tanto como la ausencia de la luz literalmente, como en el componente más simbólico cuando nos referimos a la oscuridad del ser humano. Y qué mejor si estaba personificada en un ser.
Lo que más me gustó era la versatilidad que da Gaueko para la narrativa de terror y la suerte de encontrar un nuevo monstruo dentro de un género muy habitado por vampiros, zombis, fantasmas…
Además de revivir ese gran mito, lo has transformado en algo que trasciende la propia mitología y casa perfectamente con los intereses y preocupaciones de la sociedad contemporánea. ¿Qué representa Gaueko en tu relato?
La incertidumbre del mundo en que vivimos, la exposición y el control constante al que nos sometemos a través de la tecnología, las redes sociales, pero también el egoísmo, el aislamiento social y todas las preocupaciones de la vida moderna que nos atormentan. Nuestros demonios actuales no están asociados a la noche, pero sí quizá al futuro laboral, a la posibilidad de tener una vivienda, a la soledad, a la destrucción de unos individuos a otros a través de las redes…
El protagonista de la novela es un youtuber que aparentemente lo daría todo por aumentar la visibilidad de su canal. Se trata de una realidad muy común hoy en día, especialmente entre personas adolescentes. ¿Qué crees que les puede aportar esta historia?
Miro muchos niños y niñas que pasan horas enteras frente a una pantalla, viendo videos cortos en bucle, mientras la vida de verdad ocurre fuera de la pantalla. Como educador he conocido a muchos menores que sueñan con tener su canal y un día llegar a ser ricos y famosos. No saben que detrás de eso hay más que deseo, la mayor parte se quedan a mitad de camino y seguramente quienes llegan es porque tienen gran parte de su vida resuelta y pueden dedicar horas y horas hasta conseguirlo mientras alguien paga las facturas. Me parece una idea tan fantástica como la de la meritocracia y la del hombre hecho a sí mismo desde la nada. No tengo nada en contra de que haya gente que se dedique a ello, incluso sigo a personas que hacen un gran trabajo generando contenido y creo que todos tienen mucha disciplina en la creación de contenido, pero algunos me parece que no son conscientes de la responsabilidad que tienen a la hora de influir en otras personas, y si lo son, lo utilizan como una plataforma para destruir a otras personas o expandir odio y lanzar mensajes que nos llevan a un mundo más insolidario y eso sí es realmente terrorífico. Quiero que esta historia, al igual que en la tragedia griega, funcione como catarsis.
Me encanta el flow de la narración: se nota que tienes experiencia en el campo cinematográfico, pues la lectura es verdaderamente envolvente. ¿Cómo has conseguido crear ese efecto?
He intentado contar la historia que me gustaría leer, pero sobre todo escuchar y ver: describiendo con mucho cuidado los escenarios, que sean parte importante de la historia, como el santuario que puede percibirse como un personaje más. Los personajes intenté que fueran poliédricos, como somos las personas en la vida real, con nuestras luces y nuestras sombras y he trabajado mucho los diálogos. Pero lo más importante creo que lo he aprendido de la narrativa oral y de mi experiencia con los cortometrajes. Con los cortometrajes ocurre que somos menos tolerantes con ellos: si antes del minuto nos aburren no seguimos viéndolos —a un largometraje le damos más tiempo—. Para mantener el interés creo que la clave está en qué constantemente ocurran cosas —con sentido y necesarias—, que la historia central contenga relatos paralelos, pequeñas historias más propias de la narrativa oral, y jugar con la tensión y la sorpresa como diría Hitchcock.
Esta pregunta es la más crucial de todas: es un pequeño entrenamiento para cuando se acerquen personas interesadas a Durangoko Azoka. A mi amona de 95 años le encanta la literatura, y devora un libro por semana. Está pensando en si leer tu novela o no, ¿cómo se la resumirías?
Adrian es un joven migrante que vive con el trauma de la muerte de su padre. Con los años se convierte en un youtuber renombrado, pero todo cambia cuando se ve involucrado en unos hechos violentos que acaban con la desaparición de Argia, su novia. Desde entonces se encuentra señalado como culpable de su desaparición y decide escapar a un Santuario en los Pirineos Navarros en busca de tranquilidad, pero lo que encuentra es el despertar de un demonio —Gaueko— que lo puede arrastrar a un infierno aún mayor.